por Dr. J. Harold Ellens
Pastores y consejeros pastorales que tienen una preocupación genuina con sus parroquianos deparamse frecuentemente con la necesidad de que encuentren tratamiento psicoterápico para los mismos. El primer principio de cuidado pastoral genuino es saber cuando encamine la persona. Esto requiere la capacidad de discernir si la persona está luchando contra un sentimiento la perturbación adentro de los límites de la “normalidad” o si esta perturbación es patológica. Además de los más, requiere el reconocimiento de la relación existente entre las reclamaciones y el poder de la fe, por un lado, y, por otro, el arte psicoterapêutica.Esta relación entre fe y práctica en las profesiones de ayuda será probablemente desvalorizada o apenas concebida, a menos que parta de una genuina apreciación de la relación entre las ciencias de teología y psicología. El hecho de que tanto la teología en cuanto la psicología son ciencias con sus propias estructuras es no raramente mal comprendido, principalmente por pastores. Cada una tiene su propio lugar, método, perceptiva y contribución. Ambas enfatizan el mismo asunto, esto es, la cuestión de la naturaleza de la humanidad, usa patología y su dinámica de salud. Éstas dos ciencias alumbran una a la otra como dos luces divinas brillando sobre el meso asunto: una de la revelación especial (las Escrituras) y a otra de la revelación general (la creación). se interceptan y se alumbran una a la otra, como sería de esperar de todas las ciencias, en el nivel teorético, de pesquisa y desarrollo de dados y en el nivel práctico o clínico. Ambas hablan de la incontestable verdad de Dios.
En esta intersecção, la teología y la psicología, como ciencias, estudian un conjunto de informaciones, análogas en el nivel cósmico e individual respectivamente. La teología bíblica relata la odisea humana universal del Edén, de la caída y progresión para la salvación en Jesus Cristo. La psicología relata el mundo perfecto del útero, del trauma del nacimiento, de la ansiedad provocada en el adolescente por la separación y por el crecimiento en dirección a la persona completa. En ambas las facetas de la analogía, las experiencias iniciales que definen la humanidad son el recuerdo de un mundo perfecto y la expectativa de reencontrarlo. La experiencia de pérdida massiva es interpretada como alienación, y la vida y la salud definidas como crecimiento.
La historia de la creación de Adão censuró arbitrariamente a la naturaleza las imágenes divinas y el “estatus” de compañero de Dios. El mismo ocurre con la alianza de Dios con Abraão en Gênesis 12 17, y la forma como Jesus manejaba las personas demuestra la naturaleza incondicional de la gracia universal de Dios. Además, se pone claro que esta gracia radical trasciende todas las tácticas humanas de defensa y compensación, bien como la patología psico-espiritual que producen. Va al âmago de nuestro desorden y trata de la enfermedad y no solo de los síntomas. SIN EMBARGO, para que esto ocurra, las obstrucciones psicológicas a la apertura y al insight de la gracia necesitan ser reducidas. Para tanto, se hace necesaria la aplicación, a nivel clínico, de una combinación de los mejores insights, tanto de la teología cuanto de la psicología, en el nivel donde ambas se interceptan. Estos insights se relacionan principalmente con la antropología, al concepto de la naturaleza de la humanidad que puede ser crecido por la psicología y a teologia,especialmente en lo que se refiere a la naturaleza de la teoría de la personalidad científica.
Por tanto, los pastores necesitan aprender a confiar en ambos los libros de Dios: la naturaleza y las Escrituras, recordando que ninguno de ellos poder ser leído acuradamente sino que sea encarado bajo el punto de vista cient’me quedo y cuidando que la integridad de ambas las ciencias sea rígidamente protegida. Si cualquiera una de las luces divinas es ignorada o desvalorizada, la verdad de Dios será distorsionada o desechada. Cuando los pastores enfrentan a psicopatologia al revés de una confusión espiritual o inmadurez, deben encaminar su feligrés al especialista apropiado. Caso contrario, estarán obstruyendo la oportunidad que Dios tiene de curar el paciente.
II. Exposición
Esta perspectiva tiene ciertas aplicaciones prácticas específicas en cuanto al trabajo clínico. Primero, es imperativo que la perspectiva terapéutica inclua nuestra apreciación de la naturaleza, del “estatus”, dignidad, valor y destino inherentes a los seres humanos. Esto es, los psicoterapeutas necesitan considerar el hecho de que los hombres reflejan la imagen de Dios, que son sus compañeros en la construcción del Reino, que tienen infinito valor a sus ojos, a pesar de sus distorsiones y patologías; y que están destinados a la perfección como personas, visto ser imagen de Dios. Terapeutas que no asumen y no afirman esta identidad a sus pacientes están un tanto limitados en cuanto a sus posibilidades de auxilio.
Sócrates habló del destino de los hombres como siendo la “perfección del alma”, significando la realización y actualización total de todo qué Dios nos dio en tenemos de nuestro potencial. La perspectiva cristiana asume las leyes, visto que pueden ser realizadas en Cristo, por la gracia incondicional y radical de Dios.
Esto exige que el terapeuta encarne la gracia en la forma de aceptación incondicional del paciente y la afirmación del mismo como persona. El terapeuta y el paciente deben encarar a sí mismos y a la situación humana, que torna la vida posible y la muerte útil, con un cierto sentido de humo, enfocando la verdad crucial de que el pecado y la patología son un fallo del destino y no del deber.
Terapeutas que tengan esta perspectiva cristiana, imbuidos de la gracia, facilitarán a los pastores el encaminamiento de sus feligreses, confiantemente, cuando hay individuos de patología en lo que se refiere a la área de pensamiento, comportamiento o calidades de sentimiento del individuo.
Ha patologías típicas y especialmente prominentes en círculos cristianos, que requieren tratamiento especializado. Es claro que las más obvias son aquéllas que envuelven alienación psicótica de la realidad. Fácilmente reconocible. Hay seis otros tipos de patología que también deben ser examinados. Primero, rigidez excesiva; según, ansiedad neurótica no proporcional a la amenaza; tercero, obsesión o compulsividade en cuanto a rituales autodestruidores; cuarto, culpa desorbitada o autoestima apocada; quinto, depresión soberbia e ira internalizada y finalmente, achatamiento del afecto, muchas veces acompañado de compensación desorbitada en una forma falsa de excitamento. Estos apartados siempre indican psicopatologias y no meras deficiencias espirituales. En estos casos, el encaminamiento a la psicoterapia es imperativo.
La pregunta entonces permanece: ¿Cuándo, por qué y a quién los pastores deben encaminar sus feligreses? Vamos a tratar de este asunto paso a paso: ¿Cuándo debe el pastor encaminar una persona al terapeuta? Primero, cuando aparezca cualquiera una de esas patologías o cuando se vuelve necesario remover obstáculos psicopatológicos, a fin de que el paciente pueda alcanzar crecimiento psico-espiritual. En según lugar, cuando hay una tristeza profunda e insuperada por la muerte de alguien, que crece desproporcionadamente a la pérdida. Tercero, cuando hay un desfase entre la evaluación cognoscitiva o racional de una situación y la capacidad de reaccionar emocionalmente, con la percepción cognoscitiva, de una forma apropiada y consistente. A veces, las personas son capaces de concordar con una evaluación sensata de su situación, pero no consiguen actuar de una forma congruente con esta percepción a nivel emocional. Cuarto, cuando hay un desfase entre la voluntad o intención y a acción o función comportamental. Cuarto, cuando hay el período de entrar en el juego del comportamiento o consejo religioso del paciente y desorbitar la patología, al revés de reducirla. Este peligro existe en todas las situaciones arriba descritas y en todas aquéllas donde hay preocupación del paciente con el material religioso, en la confrontación con la patología. Sexto, cuando el pastor tiene dudas, debe encaminar el feligrés como paciente a un especialista en terapia.
¿por qué el pastor debe proceder a este encaminamiento? Para evitar la represión de la verdad de Dios y providenciar la cura del paciente, exactamente como en el caso en el que encamina al médico una persona que haya quebrado su brazo, para que sea debidamente enyesado. Además disto, para alentar al máximo el crecimiento del paciente en la dirección del destino planteado por Dios.
¿A quién debe el pastor encaminar sus feligreses necesitados? De preferencia a un psicólogo cristiano. La primera condición para que pueda ser considerado psicólogo cristiano es la necesidad de ser el mejor terapeuta posible. Preocupación religiosa no es jamás un bueno sustitutivo para el adorno psicoterapêutico de calidad. Lo según principio es lo de que un psicoterapeuta cristiano va a encarnar la aceptación incondicional de Dios y la confirmación disto para aquella persona. El tercer principio para el psicoterapeuta cristiano es mantener los bueyes `frente de la carreta’. Las obstrucciones psicológicas deben ser removidas y curadas antes de la libertação espiritual que lleva a la salud y al crecimiento. El cuarto principio es lo de que el psicoterapeuta cristiano debe ser suficientemente maduro para que tenga seguridad en cuanto a su método y debe estar suficientemente listo para utilizar una u otra técnica, conforme la necesidad del paciente. Él (o ella) debe estar suficientemente seguro(a) en cuanto a su sexualidad, para que no si sienta amenazado por la sexualidad de su paciente ni se aproveche de la misma. El psicoterapeuta cristiano debe estar suficientemente maduro en cuanto a su fe, a fin de no imponerla al paciente.
Si no hay, sin embargo, ningún psicoterapeuta cristiano disponible, lo más indicado es un no cristao que sea un buen profesional. Debe ser alguien que esté dispuesto a trabajar junto con el pastor y que podrá establecer una relación sana con éste y con el paciente. Esta relación debe incluir una apreciación genuina de la dimensión religiosa de la vida del paciente y del pastor, como también la habilidad y voluntad de informar a ambos sobre cuando y como la religiosidad es sana o patológica o patógena.
III. Conclusión
Los pastores deben si recordar de que están tratando de las necesidades de sus feligreses y no de su propias. Esto debe constituir la base de la decisión por un encaminamiento. se vuelve esencial para que se pueda impartir con integridad. Además de lo más, el pastor se puede sentir bien en cuanto al encaminamiento, en la medida en la que haya conseguido aceptar sus propias patologías y limitaciones humanas. Buenos pastores reconocen que son “saradores heridos”, en los cuales los feligreses pueden discernir la humildad curadora que puede movilizar la voluntad del feligrés de volverse paciente, a fin de alcanzar crecimiento y desarrollo libertador.
El pastor debe mostrar que encara con auténtico buen humor su propia humanidad y la patología de su feligrés perturbado y el proceso de relación entre ellos. También debe comprender a temporalidade y moralidad disto todo. De esta forma, los pacientes pueden ver en el pastor un humor apósito que les estimula a continuar su peregrinación en dirección a la salud e/ou al cielo.
(Traducido de A Graça de Dios y la Salud Humana, de J. Harold Ellens, Corpo de Psicólogos y Psiquiatras Cristianos; Capítulo 2; por Esly Regina Souza de Carvalho. Con la debida autorización.